Cómo tomar decisiones a corto, medio y largo plazo

Tomar decisiones es uno de los aspectos más complicados de nuestro día a día, nos pasamos la vida eligiendo cosas menores sin apenas dificultad pero cuando llega la hora de tomar una decisión importante lo más usual es sentirnos bloqueados.

¿Por qué cuesta tanto decidir?

Las decisiones, por muy pequeñas o grandes que sean van llevándonos por diferentes caminos en la vida, elegir una opción u otra siempre va a traer cambios, no sólo internos sino también en aspectos interpersonales o de contexto.

Dependiendo de la importancia que una decisión tenga para ti, afectará de una manera o de otra. Sin embargo, en diversas circunstancias nosotros mismos no somos capaces de ser objetivos y evaluar de manera realista el peso que una opción puede llegar a tener en nuestra vida, siendo en muchas ocasiones demasiado tremendistas sobre las consecuencias.

Esta amplificación de los sentimientos, proyectando e incluso anticipando un futuro incierto y negativo, bloquea aún más la posibilidad de decidir. Muchas personas ante decisiones fundamentales viven episodios de ansiedad y frustración continua que les impide realizar su vida cotidiana de manera normal y productiva, muchos son incapaces de dormir, le dan demasiadas vueltas al problema e incluso afecta en su relación con el entorno.

¿Qué pasa dentro de mi para sentirme así?

De manera generalizada se podría decir que tomar decisiones provoca una respuesta a nivel de pensamientos, sentimientos y acción.

Pensamientos

A grandes rasgos, ante una decisión importante en tu vida lo más probable es que tus pensamientos estén teñidos de un carácter muy negativo, anticipándose al futuro y siendo este catastrófico.

A mayores, pensando fríamente las opciones que podrías llegar a tener para la resolución del conflicto, todas carecen de aspectos lo suficientemente buenos como para decantarse por uno. Probablemente incluso anticipes que estas posibles resoluciones solamente abocan al desastre más absoluto.

Dentro de los pensamientos, se suele tender al minucioso cuestionamiento de las capacidades y recursos que posee cada uno para decidir, creyendo que no se tiene la preparación o recursos suficientes para abordar esa situación de la manera más adecuada.

Ejemplos de posibles pensamientos que se suelen tener: “Ninguna opción me convence”; “Me va a ir fatal”; “No estoy preparado para esto ahora”; “¿quién soy yo para decidir esto?”, “¿por qué a mi?”…etc.

Sentimientos y emociones

Ante una decisión crucial en la vida, lo más común es sentirse pequeño y en cierto modo ‘abandonado’, sin control. Se suele tener la sensación de que ese aspecto a decidir pesa demasiado para nosotros, haciendo aflorar sentimientos de no ser suficiente o no estar lo suficientemente preparado y capacitado.

Ante esto se suele sentir agobio, angustia por estar ‘atrapado’ en algo demasiado grande e incluso ‘abandono’ por la falta de posibilidades para resolverlo, quizás ninguna opción te convence o ninguna es lo suficientemente buena.

El miedo suele ser la emoción principal a la hora de tomar decisiones, por un lado se da el miedo al fracaso, creyendo que se va a escoger la peor de las opciones trayendo consigo un futuro aterrador, y por otro lado el miedo a la exposición.

Este último suele ser bastante elevado y tiene una correlación con la percepción del ‘éxito’. En este caso se suele dar vueltas al hecho de como el entorno va a hacer frente a la decisión. Se cree que se van a exponer a juicios y opiniones de su entorno, siendo estos negativos, dando más valor a los sentimientos y pensamientos del otro ante los suyos.

En este último caso suelen aparecer pensamientos como: “¿Qué va a pensar X si hago eso?”, “Voy a destrozar a X si decido aquello”…etc.

Acción/ Conducta

Unido a esta sensación de angustia, agobio y pequeñez, se debe añadir como conducta principal la falta de acción por la pérdida de control, también conocido como ‘parálisis por análisis’.

Cuando dedicas demasiado tiempo a darle vueltas a un asunto junto con las posibles opciones que tienes, el exceso de información hace que el cerebro no sea capaz de decantarse por ninguna y afloren aún más sentimientos de angustia y sensación de estar atrapado.

A mayores, a nivel conductual solemos posponer la decisión lo máximo posible, creyendo que así simplemente se resolverá o un día tendremos las cosas claras.

Sumado a esto está el hecho de compartir la necesidad de tomar una decisión, delegando en nuestro entorno cercano la decisión, preguntando a familiares y amigos qué harían en nuestra situación, teniendo su opinión en muchos casos muy por encima de la nuestra.

¿Nos pasa a todos lo mismo?

Este tipo de circunstancias donde no nos sentimos capaces de decidir nos ocurre a todos aunque existen aspectos de la personalidad y contexto que hacen que esta tarea se nos haga cuesta arriba a determinadas personas más que a otras.

Factores de contexto que influyen

Dentro de los aspectos contextuales que pueden llegar a dificultar la toma de decisiones, destaca el hecho de la sobreprotección.

Las personas cuyos entornos familiares han tenido la necesidad de preocuparse por ellos y protegerlos en exceso son más propensas a que decidan en su nombre, no por falta de capacidad sino por costumbre.

Suelen además ceder a su entorno, más concretamente, su familia o amigos, la capacidad de decidir sobre su destino sabiendo en su fuero interno que éstos van a decidir mejor o por miedo a defraudar a sus progenitores.

En alguno de estos casos, cuando la persona intenta tomar las riendas de su vida, se suelen generar problemas de relación con sus parientes quienes creen que es mejor que no decida por sí mismo, por miedo a sufrir o que les ocurra algo.

Factores de personalidad que influyen

Otra característica a destacar dentro del aspecto de la personalidad es el perfeccionismo, la exigencia y la minuciosidad.

A este tipo de personas les aterra el miedo al fracaso, son personas que se miden a sí mismas con baremos de calidad inexistentes a los que nunca llegan, simplemente no están a la altura.

Teniendo esto en cuenta, es fácilmente entendible que tomar decisiones importantes les cueste porque el peso de lo que ellos consideran ‘fracaso’ les pesa más que la decisión en sí misma.

El perfeccionismo además crea la necesidad de tener que estar a la altura de la vida, tener siempre la respuesta y la decisión perfecta. Para estas personas, la posibilidad de no haber escogido la mejor opción les provoca miedo extremo hasta el punto de muchas veces sentirse incapaz de decidir por sí mismos u obsesionarse con analizar detalladamente cada opción que tienen delante.

A la hora de tomar decisiones, el perfeccionismo influye en la calidad de vida de estas personas, viéndose muy condicionado su entorno y especialmente sus emociones y sentimientos. Entre estos últimos cabe destacar la frustración y angustia elevada así como miedo paralizador.     

Cómo tomar decisiones difíciles en 5 pasos

Cambia la manera en la que afrontas el hecho de decidir

Si estás ahora mismo en una situación donde debes hacer frente a una decisión difícil, ¡enhorabuena!, eso quiere decir que no está todo por perdido y todavía tienes margen de actuación.

Piensa que decidir es un regalo para tomar el control de tu vida, es una oportunidad de crecimiento y evolución en vez de una maldición. Decidir te empuja a salir de tu zona de confort, te ayuda a ser más creativo y refuerza tu capacidad de resolución de problemas.

No existen decisiones correctas, todas las decisiones llevan a sitios diferentes y lo que hoy puede parecer ser un “fracaso” mañana es el éxito de tu vida.

Un ejemplo de esto podría ser poner fin a una relación sentimental, en el momento podría ser muy doloroso e incluso considerar que se ha fracaso en ese proyecto sentimental conjunto, sin embargo, tal vez un tiempo después conozcas a otra persona con la que establezcas una relación que ni podías imaginar de maravillosa que es y que no hubiese sido posible sin haber puesto fin a la anterior.

Analiza la decisión que tienes que tomar ¿Hay pasos intermedios?

A veces creemos que todo es blanco o negro sin darnos cuenta de que existen maneras transitorias que nos conectan con lo que queremos sin exponernos a cambios radicales y sufrimiento excesivo.

Un buen ejemplo de esto sería por ejemplo querer dedicarse a un hobby, pongamos que a la música. Tal vez te fascina cantar y quieras dedicarte profesionalmente a ello pero tienes que pagar facturas. En vez de dejar tu trabajo de golpe y dedicarte a cantar, tal vez haya un paso intermedio que sería intentar componer o cantar en algún local e ir tanteando esa posibilidad mientras sigues trabajando.

Otro ejemplo podría ser querer comprarse una casa en un ciudad en la que no has vivido, tal vez, antes de hacer una inversión tan elevada en algo que no sabes si te gustará podrías probar a estar 1 año de alquiler, conociendo los barrios que más te gustan de esa ciudad y entonces decidir si la compras o no.  

Si no existen pasos intermedios: ¿qué es lo peor que podría pasar?

En el caso de que no haya posibilidad de hacer un cambio transitorio, haz un listado de las opciones de las que dispones con sus lados positivos y negativos.

Compara los resultados y pregúntate: Si escogiera esta opción, ¿qué es lo peor que podría pasar?, y si escogiera esta otra, ¿qué es lo peor que podría pasar?.

Cuando solemos plantearnos este tipo de cuestiones nos damos cuenta de que en realidad muchas veces no existe nada terrible e irreparable si escogemos una de las dos, calmando en cierta medida la sensación de angustia por decidir, anteponiéndose a la peor consecuencia posible.

Estrategia 10-10-10

Esta estrategia propuesta y creada por la prestigiosa autora Suzy Welch en su libro “10 minutos, 10 meses y 10 años (2009)” sugiere una nueva manera de plantear las decisiones dividiéndolas en tres periodos de tiempo que impliquen los efectos de la decisión a corto, medio y largo plazo.

Welch propone que a la hora de decidir nos planteamos la siguiente pregunta: ¿cómo me va a afectar esta decisión en 10 minutos, 10 meses y en 10 años? Aplicando esta metodología nos ayuda a entender la temporalidad de la decisión y cómo nos va a afectar desde el momento presente hasta el futuro.

Un ejemplo para aplicar esta estrategia podría ser decidir si tener un hijo.

Consecuencias de la decisión en 10 minutos

Analizando si decido tener un hijo en 10 minutos mi panorama será exactamente el mismo, nada habrá cambiado. A corto-plazo es una decisión que no tiene mucho peso.

Consecuencias de la decisión en 10 meses

Si he decidido tenerlo, en 10 meses podría estar o bien embaraza o teniendo incluso al bebé. Las consecuencias son en todos los niveles, cambiaría mi situación laboral ya que tendría que pedir una baja de maternidad, cambiaría la situación familiar ya que se añadiría un nuevo miembro en la casa, aumentarían los gastos y mi cuerpo se modificaría por completo.

Consecuencias de la decisión en 10 años 

Si he decidido seguir adelante y finalmente tenerlo, las consecuencias sería tener un miembro en la familia de quizás 9 o 10 años de edad, cambio de vida, cuidar de otra persona y enseñarle cosas, aumento de gastos y probablemente falta de tiempo para mi por trabajar y cuidar de ese otro miembro.

Conclusión: Teniendo este paradigma pintado puedo observar que es una decisión con efectos a largo-plazo (cualquier otro ejemplo podría cambiar esto siendo a corto o medio plazo) y donde me puedo plantear mis motivaciones e impulsos a la decisión.

Mientras se pone en práctica la estrategia se podrían cruzar pensamientos que te ayuden a ver por qué haces las cosas y que te  está empujando a tomar la decisión. En este caso podría preguntarme: ¿Para qué quiero un hijo: me siento sola, me gustaría ser madre, para hacer feliz a mi pareja…etc?

Es un método bastante útil para auto-conocernos también y comprender en base a qué decidimos constantemente.

“Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana” – Walt Disney.

Antes de tomar una decisión plantéate si te acerca a donde quieres llegar o a lo que quieres conseguir o simplemente te aleja de lo que no quieres. Cuantas más decisiones tomes en torno a lo que quieres en vez de huir de lo que no, más fácil será decidir en el futuro.

Referencias

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¡Muchas gracias!

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Published by

Celia de la Hoz Sacasa

Experta en Coaching Profesional acreditado por la International Coaching Federation (ICF) y la Asociación Española de Coaching (ASESCO). Mentora de habilidades interpersonales y comunicación (soft skills).

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